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Escribe: Natalia Gil
Licenciada y Profesora en Ciencias de la Educación, Universidad J. F. Kennedy, Argentina
Aprender es crear, adquirir y transmitir una idea o conocimiento y luego, modificar una conducta para adaptarse a esa nueva idea o conocimiento. Esta definición empieza con una verdad muy sencilla: para que se produzca el aprendizaje, las nuevas ideas son esenciales.
El docente debe preguntarse entonces de dónde surgen estas nuevas ideas, en quién aprende. A veces las nuevas ideas se crean mediante "chispas de creatividad" o de percepción. En otras ocasiones, nos llegan desde el exterior de diversas maneras, siendo la más formal, la enseñanza.
Pero las nuevas ideas o los nuevos conocimientos, por sí solos, no pueden dar lugar al aprendizaje. Si no se introducen cambios consecuentes en la forma de actuar, o de realizar un trabajo, sólo existirá un potencial de mejora.
El modelo pedagógico constructivista sostiene que el sujeto que aprende debe ser el constructor, el creador, el productor de su propio aprendizaje y no un mero reproductor del conocimiento de otros. No hay aprendizaje amplio, profundo y duradero sin la participación activa del que aprende.
El aprendizaje significativo implica el trabajo en las dimensiones afectivas, sociales y valorativas en forma integrada con la intelectual cognitiva. Por ello la educación en valores es una tarea de todos quienes enseñamos, en todo momento.
Entre las variables que influyen en que el alumno esté motivado y dispuesto a realizar el esfuerzo para aprender de modo significativo se incluyen:
• La autoimagen del alumno
• Las posibilidades que cree que tiene de fracasar
• La imagen o confianza que le merece el docente
•El clima del grupo
• La forma de concebir el aprendizaje escolar y el interés por el contenido.
Los procesos de enseñanza aprendizaje deben evitar que las experiencias escolares se conviertan en una sucesión de fracasos. Siempre se pueden plantear actividades con diferente nivel de dificultad, que se adapten a las heterogéneas posibilidades de los alumnos.
En la autoimagen del alumno influyen de manera decisiva las expectativas que el docente tiene respecto a él. El docente debe procurar un clima de trabajo seguro y confiable generando una actitud positiva del alumno, que pueda vivir los errores de manera constructiva y sentir que se debe y se puede aprender.
El aprendizaje para ser significativo también necesita ser profundo, esto va de la mano de la exigencia. Es posible que el alumno sepa que debe comprender bien los contenidos, o demostrar que ha memorizado la información sólo para responder al profesor.
Un enfoque profundo supone la intención de comprender y relacionar la información nueva con la experiencia y los conocimientos previos a fin de extraer significados personales. En cambio en un enfoque superficial la intención es satisfacer los requisitos de la tarea y memorizar únicamente lo que se cree que exige el maestro. Un enfoque estratégico se centra en los requisitos de la evaluación también, pero con la intención de obtener las notas más altas posibles.
Para que la información que se le presenta al alumno pueda ser comprendida es necesario que los contenidos tengan significatividad lógica y psicológica.
La significatividad lógica se refiere a la naturaleza del contenido, a la coherencia que tienen las distintas disciplinas. Los contenidos deben ser significativos desde el punto de vista de su estructura interna, y es necesario que el docente respete y destaque esta estructura, presentando la información de manera clara y organizada.
La significatividad psicológica implica que los contenidos sean adecuados al nivel de desarrollo y conocimientos previos de los alumnos. Es importante aclarar que el interés por un tema no garantiza que los alumnos puedan aprender contenidos demasiado complejos.
Para procurar el aprendizaje significativo más que una metodología o técnica didáctica concreta es conveniente tener una perspectiva globalizada, como actitud frente al proceso de enseñanza. Esta perspectiva supone un acercamiento a la realidad, resaltando las relaciones entre los contenidos entre sí (interdisciplinariedad) y vinculándolos al contexto habitual del alumno, o a otros contextos significativos.
La adopción de este enfoque que enfatiza la detección de problemas interesantes y la búsqueda activa de soluciones presenta la doble ventaja de, por una parte, motivar al alumno a implicarse en un proceso dinámico y complejo y por otra parte, permitir un aprendizaje tan significativo como sea posible.
Extraído de: http:// contexto-educativo.com.ar/2005
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